PANÓPTICO

El panóptico El Panóptico de Jose Antonio Marina número 21
1 de julio 2021
Revista Nº 8

El Panóptico de José Antonio Marina número 32

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¡Nueva sección! #DIARIO DE CATALUNYA

Ejercicio para comprobar que el Panóptico ayuda a resolver los problemas. En este caso, el problema catalán.

Valores occidentales versus Valores orientales

Cuando hablamos de China y de su éxito económico y tecnológico, añadimos inmediatamente una crítica ética: es un sistema no democrático y no respeta los derechos humanos. El régimen chino responde acusándonos de adoptar una postura de superioridad moral y de intentar imponer a China unos valores que no son universales, sino exclusivamente occidentales.

Sigo la Pista

¿Por qué debemos confiar en la ciencia?

La pandemia ha puesto bajo el foco el tema de la fiabilidad de la ciencia. Los negacionistas han arremetido contra ella. Una falsa idea de democracia ha provocado un igualitarismo de las opiniones. Se extiende la absurda idea de que todas las opiniones son respetables. No es así.

Por que debemos Confiar en la ciencia
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He leído

El choque de civilizaciones, de Samuel P. Huntington

En realidad, he releído el libro de Samuel P. Huntington titulado El choque de civilizaciones, publicado en 1996. Advertía que el tema fundamental de la política internacional es el choque de civilizaciones.

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En busca de lo relevante

Las ideologías no han muerto
Retornan al galope, primero a las universidades americanas, ahora a las francesas. De nuevo cunde la idea de que la ciencia es una ideología más. Bien es verdad que solo en las facultades humanísticas, lo que favorece el desdén hacia ellas de las “ciencias duras”. Se admite el activismo político como principal dinamismo de la investigación. Toda apelación a una verdad objetiva se interpreta como una “colonización del espíritu”. Toda defensa de la universalidad es opresiva. Para oponerse a esta corriente ha aparecido en Francia el “Observatoire du décolonialisme et des idéologies identitaires”, que acaba de publicar un “Rapport sur les manifestation idéologiques a l’Université et dans la Recherche”. Su objetivo, como lo explica el lingüista Jan Samowicz es oponerse a “la propagación de un discurso según el cual el individuo se reduciría a su pertenencia a una raza o a un género”. Es llamativo que, en términos generales, sea la izquierda la que ha enarbolado ahora la bandera contra la universalidad de los valores, cuando siempre había ocurrido lo contrario.

La descolonización y el problema de la universalidad. En los años 80 apareció el poscolonialismo lanzado por Edward Said, tan influido por Michel Foucault como por Frantz Fanon. Según esa escuela de pensamiento, la descolonización había dejado intactas las representaciones de los colonizadores sobre los colonizados. Lo importante era deconstruir esos fantasmas heredados de la colonización. Los estudios descoloniales se han desarrollado en los 90, teorizados por intelectuales sudamericanos como Ramon Gosfoguel, profesor en Berkeley (California), para quien todo el sistema capitalista actual es una herramienta para dominar a los países del Sur. Es necesario descolonizar todo, desde la literatura a los valores de la Ilustración, percibidos como no siendo más que una astucia para promover los valores occidentales. Desde el Panóptico vemos claro que la universalidad de los valores ha sido la gran fuerza emancipadora, la que mantuvo la lucha contra la esclavitud, por los derechos de la mujer y de la infancia, por la igualdad de voto. Por la influencia que ha tenido Foucault en el diseño de las teorías que rechazan la posibilidad de una verdad objetiva es por lo que desde el principio del Panóptico señale su oposición al Panóptico de Foucault.

La libertad es cansada
Jean-Claude Kaufmann es un sociólogo francés, especializado en microsociología de la vida cotidiana, al que sigo desde hace mucho tiempo por sus originales enfoques. Acaba de publicar C’est fatigant, la liberté. Me ha recordado a aquella niña que compungida dice a su maestra: ¿Y entonces hoy también tenemos que hacer lo que queramos? Su tesis es que la pandemia ha provocado en muchas personas una desconexión social de la que no quieren salir. Aparece un ideal de retiro, de encerrarse en la propia concha, de vivir en pijama. Lo interesante es que lo atribuye a que la libertad se ha convertido en un peso, en una carga insoportable de la que la crisis sanitaria nos habría liberado durante un tiempo. Lo que resulta cansado de la libertad es tener que estar tomando continuamente decisiones. Mucha gente estaría dispuesta a prescindir de ciertas libertades a cambio de una vida más tranquila. Eric Fromm habló del “miedo a la libertad” como precursor de la aceptación de los regímenes autoritarios. Espero que el “cansancio de la libertad” no tenga esas consecuencias. Por si acaso, habrá que observarlo con atención.

Me ha interesado la obra de Daniel A. Bell, politólogo canadiense, decano de la School of Political Science and Public Administration en la Shandong University (Qingdao), desde que publicó The China Model y Beyond Liberal Democracy. Piensa que Occidente demoniza a China, lo que le impide comprender los aspectos valiosos que tiene la “democracia china”. Su ultimo libro, escrito con Wang Pei, se titula Just Hierarchy: Why Social Hierarchies Matter in China and the Rest of the World (Princeton, 2020). Piensan los autores que en el mundo moderno las jerarquías siguen siendo importantes, pero que hay que distinguir entre buenas y malas jerarquías y que, por desgracia, se han estudiado más las malas. Ellos pretenden corregir ese sesgo. El rechazo a la jerarquía en Occidente deriva de que se la considera fuente de poder. En China las cosas son diferentes. La modernidad tecnológica se junta con un tradicionalismo social, fundamentalmente confuciano, que fija las jerarquías legítimas en cada situación. Esas jerarquías no se basan en el dinero, ni en el estatus, sino en la virtud. Reconocen que ese ideal no está logrado, porque la corrupción esta presente en todos los niveles.
Bell opina que la diferencia entre la “democracia china” y la liberal estriba en que esta se basa en el dogma de que cada hombre un voto, mientras que aquella se funda en la elección por el mérito. Supongo que esto es una herencia del milenario sistema chino de elección de su burocracia, y me resulta muy curioso comparar desde el Panóptico este elogio de la meritocracia en un momento en que en Occidente estamos criticando la noción de mérito.

Desde El Panóptico se ve la evolución de las culturas, el modo como los humanos nos hemos enfrentado con problemas y los hemos ido resolviendo bien o mal. Necesitamos aprender de la Historia, porque es la experiencia de la Humanidad, pero para ello necesitamos una ciencia especial, la Ciencia de la Evolución de las Culturas.

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